sexta-feira, 7 de março de 2014

20 MOTIVOS PARA IRTE A PORTUGAL

Olhem só que pérola que acabei de encontrar.
Adoro Espanha!
E pelos vistos, Espanha gosta de nós!!!

E começa assim:


"Portugal es como España, pero en mejor.
Aquí te contamos por qué nos gusta muy fuerte el país vecino:


Praia da Marinha, Algarve

1) LAS PLAYAS

Solo tienes que mirar un mapa. Portugal son kilómetros y kilómetros de costa que el Atlántico regala para colmar todos tus deseos playeros posibles. Hay largas extensiones de arena salpicada con sombrillas y pasarelas de madera (como en Comporta), hay calas escondidas semidesiertas (como las del Alentejo) y elegantes playas urbanas de estilo vacaciones a la vieja escuela (como en Cascais). Del norte al Algarve pasando por las islas, siempre habrá una nueva playa portuguesa de esas que pensaban que ya no existían en este continente a punto de convertirse en tu favorita.


Praia do Baleal, Peniche

2) LA CERCANÍA

El más vecino de los países vecinos, la nariz del perfil, está literalmente a un paso. A un máximo de hora y media en avión y apto para los que temen volar (las opciones incluyen tren, autobús, coche o un ferry cruzando el Minho), no hay excusas para no acercarse en cualquier momento, al terminar la lectura de este texto mismamente.

3) OPORTO

Porto es cuestas, ropa tendida, francesinhas, la vista a las bodegas de Vila Nova de Gaia, la librería más de cuento de hadas del mundo, autenticidad por los cuatro costados y descubrir en cada rincón su belleza decadente.


Rio Douro, Barcos Rabelos, Porto

4) LISBOA

Lisboa es edificios post-terremoto, Bairro Alto y Alfama llenos de rollaco, tranvías amarillos, el agua siempre en el horizonte y sobre todo una luz blanca increíble que la convierte en la ciudad más bonita de la Península Ibérica.


tranvías amarillosLisboa


5) El CAFÉ

Ay, amantes del café, otro hotspot en vuestro (nuestro) mapa, y aquí estamos hablando del producto y del lugar. Se preparan unos magníficos cafés (acuérdate de llamarlo una bica en Lisboa) en las cafeteras cona y se sirven en cafés clásicos y señoriales como el Majestic de Oporto o en nuevos imprescindibles de la modernidad como la Kaffeehaus de Lisboa. Y lo mejor es que no hace falta estar en un sitio bello para tomar un buen café; en el bar más humilde estará delicioso.


Bica, café 

6) EL VINHO

Qué bien están haciendo su trabajo los portugueses. Los vinos de porto o de Madeira son conocidos en todo el mundo (gracias en parte a la colaboración de la marina británica) y en torno a ellos han montado unas rutas enoturísticas que dejan a casi cualquier otra en pañales. Quintas, bodegas, wine resorts hechos para comprender que el vino va más allá del momento en el que se bebe, es cultura, es tradición, geografía y país. Además no se han limitado a explotar (siempre de una forma respetuosa y no masiva) sus productos estrella, si no que cada vez más suenan fuera de sus fronteras el vinho verde o los del Alentejo. Una estancia en uno de los increíbles hoteles basados en la enocultura o una visita a una bodega contemporánea ampliarán horizontes en el paladar y redefinirán nuestro concepto de lo exclusivo.

7) EL PAN CON MANTEQUILLA QUE PONEN ANTES DE COMER

Y las aceitunas. Y el aceite. Y los quesitos. Está claro: todos los pataniscos que sirven para ir abriendo boca antes de que llegue el caldo verde, el frango assado o el bacalhau que hayamos pedido para comer nos saben aquí más sabrosos y nos sientan mejor que en ningún otro sitio. PD: la manteiga, por supuesto, siempre con sal.


antes de comer

8) LA ARQUITECTURA

Desde los azulejos (ese elemento decorativo que es ya un símbolo nacional) de una iglesia de Braga a la Casa de Chá de Matosinhos de Álvaro Siza, desde la Casa da música de Porto al estilo manuelino del Monasterio de Batalha, los edificio portugueses destilan un estilo propio que los hace inconfundibles. Patearse el país encontrando humildes y hermosas iglesias rurales o palacios tan misteriosos como la Quinta da Regaleira de Sintra es uno de los mejores planes que se pueden organizar.


Palácio da Pena, Sintra

9) LAS COMPRAS

Atrás quedaron los días en los que se viajaba a Portugal a renovar las toallas y las mantelerías… o no. Sigue siendo un lugar magnífico para comprar el ajuar de la casa pero también antigüedades, productos gourmet, moda o diseño. Sus tiendas tienen el punto justo para lograr mantener lo tradicional mezclado con innovación y creatividad, y siempre con un buen gusto impepinable. Y además de los centros comerciales de vanguardia, no olvides nunca los mercadillos callejeros mezcla de rastro y cajón de sastre en los que bucear en busca de tesoros ocultos.

10) ES OTRO MUNDO

Sí, la distancia ya no es tanta como en los 90, cuando cruzar la frontera (con el DNI siempre) era como dar un salto atrás en el tiempo, pero a veces te encuentras con situaciones en los que el tiempo parece haberse detenido, como cuando ves a los pescadores llegar a puerto y vender su mercancía allí mismo, el producto más fresco del mundo, o encuentras que las calles principales de las ciudades todavía no están completamente tomadas por las mismas cadenas comerciales que las hacen indistinguibles de París o Madrid. Los horarios son distintos, la gente se recoge antes, no gritan… un mundo de diferencia a un paso.


Pescadores de Sesimbra

11) SIGUE SIENDO UN DESCONOCIDO

Compartimos kilómetros de frontera, un pasado común y una historia similar, pero vivimos de espaldas a ellos. En Portugal se sabe todo sobre España y los famosos locales incluso asoman en sus portadas de revistas, pero absurdamente no se piensa mucho en Portugal desde este lado de la península. Pocos podrían nombrar portugueses vivos que no sean del mundo del fútbol, Durao Barroso o María de Medeiros, y no se lo recorre lo suficiente. Es increíble que un destino tan cercano pueda ser un exótico lugar a descubrir y que todavía tanta gente se sorprenda al ver que ese restaurante ultramoderno no está en Amberes o ese hotel en una casa-árbol en medio del bosque no está en Suecia. Aprovéchalo.


Pedras Salgadas Spa & Nature Park 

12) EL BACALAO

La alquimia que consiguen los portugueses cocinando el bacalao es una de las razones principales por las que amamos tanto este país. Ya hablamos aquí de algunas de las infinitas formas de prepararlo, y es oír “pataniscos”, “bacalhau com natas” o “à brás” y ponernos a llorar añorando las tascas y restaurantes de interior o de costa, en una ciudad o una aldeíta, en las que hemos disfrutado de unos siempre deliciosos, siempre en su punto de sal, platos de bacalao.



13) LOS DULCES

Por supuesto estamos pensando en los archifamosos pasteis de nata (con su toque de canela y a poder ser tomándolos en Belém, en la famosa tienda que ya es una atracción turística), pero también en los dulcísimos papos de anjo, las queijadas o las farófias. La herencia de los conventos con su amor por juntar azúcar y yemas hizo mucho por la tradición gastronómica del país y por el estado de nuestros dientes.


Pastéis de Nata, Belém, Lisboa

14) SIMPLICIDAD, ELEGANCIA Y TRADICCIÓN

Visibles en los diseños más pequeños (los jabones, las vajillas de inspiración británica, el gallo de Barcelos, la pasta de dientes Marvis…) y en los edificios más grandes, como las sempiternas Pousadas (el equivalente portugués a los Paradores y el lugar donde siempre acertar a la hora de llevar a tus parientes más clásicos o llevarte a ti mismo ahora que sabes apreciar lo atemporal) o los nuevos hoteles que suben nuestro listón de la calma y el chic. Menos mal que nos queda Portugal.




15) LA INFLUENCIA COLONIAL

Brasil se independizó hace más de un siglo pero lugares tan exóticos como Goa, Macao, Angola o Mozambique fueron colonias portuguesas hasta antes de ayer, y eso se nota. Desde los ecos que resuenan en el fado a la explicación de por qué hay tan buen café y tan buen chocolate.

16) LOS PRECIOS

Lisa y llanamente, Portugal es de los pocos países europeos que están tan jodidos como nosotros y que todavía resultan asequibles al bolsillo español medio. Aquí el concepto “relación calidad-precio” se hace visible, tangible y disfrutable.

17) LAS ISLAS

Salpicaduras de tierra en el Atlántico, los territorios insulares más importantes de Portugal son de esos destinos en los que nunca se piensa y siempre sorprenden. Más allá del vino o del famoso anticiclón, Madeira y el archipiélago de las Azores ofrecen un verde refulgente, cultivos que nacen de piedras volcánicas, playas donde siempre es primavera, huellas de la época de los descubrimientos y una continua llamada a flipar con la naturaleza, en forma de flor exótica o de ballena que se sumerge ante nuestros ojos.


Lagoa das Sete Cidades, Ponta Delgada, Açores

18 ) LAS OLAS

No se trata de ponerse místicos a lo Pocahontas sino de algo mucho más terrenal: el viento y las olas de la amplísima costa portuguesa la convierten en el lugar idóneo para la práctica de surf, kitesurf, windsurf y todo tipo de derivados con distinto nivel de dificultad. Loops, olas gigantes, tubos y demás muestras de ingeniería del océano para la diversión de los más intrépidos.


Praia Supertubos, Peniche
19) LOS PUEBLOS

En todos los pueblos habrá (al menos) una iglesia, una plaza y un café, y arrebujadas junto a un río o sobre un acantilado, casas blancas y cubiertas con azulejos que son el mejor refugio de esa autenticidad que emana el país. Podremos hacer varias selecciones de los más bonitos e imprescindibles, o invitarnos a visitar otros gracias a que en ellos están algunos de los mejores y más modernos hoteles, pero Portugal es inagotable; son tantos los rincones remarcables que, por mucho que volvamos una y otra vez, siempre nos sorprenderemos al encontrar un balneario, un parque, un santuario o una ruina medieval evocadora con la que no contábamos.


Aveiro, Barcos Moliceiros

20) SIMPATÍA Y EDUCACIÓN

Si vas dos días seguidos al mismo bar portugués, al tercer día te saludarán por tu nombre y con una sonrisa. Ya no recordamos el tiempo en el que eso sucedía en otros lugares del mundo, y en algunos sitios no llegó a suceder jamás. Gestos como estos son el tipo de promoción turística que nos conquista para siempre."


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